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Los 5 rasgos que determinan tu personalidad

Los 5 rasgos que determinan tu personalidad

¿Quién eres? 

Es una pregunta sencilla, pero puede ser difícil de responder. Sin duda, no eres solo tu nombre, ni tu profesión ni tampoco tus roles sociales. Lo que te identifica y te hace único es tu personalidad.

La personalidad es como la huella dactilar, no hay dos iguales en el mundo. 

La personalidad, entendida como las diferencias individuales en los patrones de pensamiento, sentimientos y comportamientos, se forma a lo largo de la vida y determina nuestras actitudes y decisiones. Por eso, comprender cómo somos nos ayudará a detectar nuestras fortalezas y puntos débiles, para crecer como personas y mejorar nuestro bienestar y equilibrio emocional.

Las características de personalidad que te definen

A lo largo de la historia de la Psicología se han desarrollado diferentes teorías para explicar la personalidad, pero el modelo de las cinco dimensiones de la personalidad, más conocido como “Big Five”, es el que ha prevalecido.

Su creador, Lewis Goldberg, es uno de los investigadores más prominentes en el campo de la psicología de la personalidad. Con su trabajo redujo los 16 factores de la personalidad que propuso Raymond Cattell a solo cinco dimensiones primarias, las cuales se han venido utilizando en la Psicología desde entonces y son la base de muchos de los estudios científicos sobre la personalidad.

 

lista con imágenes de personas con rasgos de personalidad diferentes

Estos son los cinco rasgos que pueden definir tu personalidad: 

  1. Apertura a nuevas experiencias (Factor O)

Este rasgo de personalidad se refiere a nuestro grado de disposición a buscar y vivir nuevas experiencias. Las personas más abiertas a las experiencias son más creativas e imaginativas y normalmente se sienten ahogadas con la rutina, por lo que siempre están a la búsqueda de nuevas ideas. Se caracterizan por su gran curiosidad intelectual, que les anima a investigar sobre una amplia variedad de temas. Sin embargo, en algunas ocasiones esa pasión por la novedad puede llevarles a asumir comportamientos de riesgo o incluso dar pie a problemas y conflictos debido a su constante oposición a las convenciones sociales. 

En el extremo opuesto se encuentran quienes se cierran al cambio. Estas personas suelen sentirse más cómodas dentro de su zona de confort, les gusta seguir meticulosamente sus hábitos y disfrutan de las cosas más sencillas. Prefieren los ambientes familiares a la novedad y son más apegadas a la tradición. Suelen desarrollar un pensamiento más rígido y tienen dificultades para encontrar soluciones originales cuando los problemas demandan un cambio en la manera de pensar convencional.

  1. Responsabilidad (Factor C)

Este rasgo hace referencia a nuestra capacidad de autocontrol, la medida en que nos centramos en nuestros objetivos y cuán disciplinados somos en la consecución de los planes que nos hemos propuesto. Una persona con un alto grado de responsabilidad tiene una gran capacidad de concentración, reflexiona antes de tomar una decisión y le gusta terminar todo lo que inicia. Se trata de personas puntuales, escrupulosas y concienzudas, que tienen sus metas claras y son perseverantes, si bien a veces pueden llegar a ser muy tozudas, perfeccionistas y desarrollar una adicción al trabajo.

En el extremo opuesto se encuentran quienes viven siguiendo un estilo laissez faire. Normalmente son personas más descuidadas en sus tareas, no tienen propósitos de vida tan bien definidos y son mucho más informales. Su principal problema es que suelen dejar a mitad muchos de sus proyectos ya que no suelen contar con el autocontrol y la tenacidad necesarios para llevarlos a buen puerto. Estas personas no suelen ser muy ambiciosas y no se les da bien la planificación, por lo que a menudo pueden dar la impresión de que no se involucran lo suficiente, ni en el estudio, el trabajo o sus relaciones interpersonales.

  1. Extraversión (Factor E)

Esta dimensión de la personalidad indica el grado en que nos abrimos a las relaciones con los demás y cómo nos desenvolvemos en los contextos sociales. Una persona extrovertida es aquella que disfruta estando rodeada de otros, busca su compañía y se desenvuelve bien en las situaciones sociales. A menudo son personas entusiastas y llenas de energía, que les gusta hablar y buscan continuamente nuevos estímulos sociales.

El extremo opuesto es la introversión, que no significa necesariamente timidez social sino que indica una preferencia por compartir en pequeños grupos y entornos cerrados. Estas personas suelen ser reservadas, no les gusta exponerse y no les agradan las situaciones donde hay bullicio y mucha gente. Normalmente suelen ser más reflexivas y, aunque tienen pocos amigos, establecen vínculos emocionales muy estrechos. Si pueden elegir, escogen los ambientes pequeños y familiares y prefieren escuchar antes que hablar.

  1. Amabilidad (Factor A)

Se refiere a cómo nos relacionamos con los demás. Quien tenga una puntuación elevada en esta dimensión de la personalidad suele ser percibida como una persona de confianza. Se trata de personas respetuosas, tolerantes y modestas, dispuestas a ayudar a los demás cuando lo necesiten. También suelen ser personas muy empáticas y asertivas en sus relaciones interpersonales, capaces de captar las emociones y sentimientos de los demás desarrollando una actitud conciliadora.

En el extremo opuesto se encuentran las personas que han desarrollado una actitud más egocéntrica. Estas personas pueden tener dificultades para conectar con los demás y no son muy asertivas en sus relaciones interpersonales. De hecho, suelen ser más arrogantes y menos sensibles, hasta el punto que a menudo son percibidas como más hostiles o incluso intimidantes.

  1. Estabilidad emocional o neuroticismo (Factor N)

Este factor de la personalidad se refiere a cómo afrontamos las situaciones difíciles de la vida. Las personas más estables emocionalmente no suelen convertirse en víctimas de sus sentimientos sino que tienen una elevada Inteligencia Emocional. Aunque pueden enfadarse o frustrarse, son capaces de gestionar sus emociones y salir fortalecidas de la adversidad. Suelen reaccionar ante los problemas con gran ecuanimidad, lo cual les permite mantener una perspectiva más objetiva.

Al contrario, las personas con tendencia al neuroticismo suelen vivir en una montaña rusa emocional. Son más propensas a enfadarse e irritarse, así como a sentirse ansiosas o deprimidas. Suelen ser personas nerviosas e inseguras, que reaccionan de manera exagerada ante los estímulos. A menudo también desarrollan una actitud pesimista y puede llegar a ser muy difícil tratar con ellas ya que son muy temperamentales y cambian de humor con facilidad.

 

factores de personalidad

No hay rasgos “buenos” ni “malos”

Es importante comprender que no existen rasgos de personalidad buenos o malos en sí mismos. Por ejemplo, un poco de egoísmo puede llegar a ser saludable cuando necesitamos defender nuestros derechos, y un estudio realizado en la Universidad de Edimburgo ha descubierto que una pequeña dosis de neuroticismo puede añadir años a nuestra vida. 

De la misma forma, la búsqueda desmesurada de nuevas experiencias puede conducir a la adaptación hedonista, lo cual significa que caemos en un estado de sopor emocional en el que todo deja de emocionarnos, y un estudio llevado a cabo en la Universidad de Helsinki comprobó que el exceso de extroversión puede terminar drenando nuestra energía. Por tanto, todo radica en encontrar el equilibrio y, sobre todo, ser capaces de modular nuestros rasgos de personalidad según lo demanden las circunstancias.

Referencias Bibliográficas:

Gale, C. R. et. Al. (2017) When Is Higher Neuroticism Protective Against Death? Findings From UK Biobank. Psychological Science; 28(9) 1345-1357.

Leikas, S. & Ilmarinen, V.J. (2017) Happy Now, Tired Later? Extraverted and Conscientious Behavior Are Related to Immediate Mood Gains, but to Later Fatigue. Journal of Personality; 85(5): 603-615. 

Goldberg, L. R. (1990) An alternative “description of personality”: The Big-Five factor structure. Journal of Personality and Social Psychology; 59(6): 1216-1229.

 

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